Un ingeniero ha convertido la gestión de su empresa en un videojuego
Toni Soriano ha convertido la infraestructura digital de Cloudstudio en una colonia marciana que cambia con sus proyectos, incidencias e ingresos. Un experimento open source sobre cómo podrían evolucionar las interfaces empresariales.
Imagina entrar cada mañana a trabajar y, en lugar de abrir diez dashboards, aterrizar en Marte.
Delante de ti hay una colonia. Cada edificio representa una parte real de tu actividad. Un proyecto en producción. Un repositorio de código. Una cuenta de Stripe. Si un servicio deja de responder, su módulo cambia de aspecto y puede verse desde el otro extremo del valle.
No es la introducción de un videojuego de estrategia. Es la forma en la que el ingeniero español Toni Soriano ha decidido observar parte de la infraestructura digital de Cloudstudio.
El proyecto se llama HQ. Soriano lo presentó como «mi infraestructura convertida en una colonia en Marte» y acaba de liberarlo como software de código abierto. Su propuesta parte de una pregunta sencilla: ¿por qué seguimos representando empresas complejas mediante las mismas tablas, gráficas y paneles de siempre?
Una colonia construida con datos reales
HQ es una aplicación tridimensional de estética *low poly* creada con Three.js, TypeScript y Vite. Se ejecuta en el ordenador del usuario y reúne información procedente de Git, GitHub, Stripe, los servicios publicados y sus certificados.
El resultado parece un videojuego de gestión. Puedes mover la cámara, recorrer el mapa, buscar una zona, acercarte a los edificios e incluso conducir un rover.
Sin embargo, HQ no inventa una ciudad para que la pantalla resulte más vistosa. El repositorio establece una regla: cada construcción debe corresponder a una entidad real. Si hay pocos proyectos conectados, la colonia será pequeña. Si aparecen más, crecerá.
La información tampoco viaja a una plataforma externa. HQ utiliza las sesiones locales ya iniciadas en GitHub CLI y Stripe CLI, además de leer los repositorios del disco. No exige una cuenta en un servicio remoto ni incorpora las credenciales al repositorio. Los datos sensibles se guardan fuera de la carpeta pública y existe un modo específico para ocultar clientes, direcciones IP, pagadores y otros detalles en capturas o demostraciones.
No es un ERP ni representa todas las áreas de una empresa. Su foco actual es más concreto: proyectos digitales, código, servicios en producción, ingresos y trabajo técnico pendiente.
Cada edificio tiene un significado
La colonia está dividida en sectores conectados por una avenida central. Cada área configurada por el usuario obtiene su propia zona. A estas se añaden espacios específicos para los proyectos de código abierto, Stripe y el trabajo local.
Los domos habitables representan proyectos en producción. HQ realiza peticiones HTTP reales para comprobar si responden, mide su latencia y revisa sus certificados TLS.
Los invernaderos representan repositorios de GitHub. Su estado tiene en cuenta las *issues* y *pull requests* abiertas. Una luz turquesa indica que todo está bien; un pulso magenta pide atención; un destello blanco señala que algo está caído.
Los extractores de hielo corresponden a cuentas de Stripe. De ellas proceden el saldo, los cobros y el MRR —los ingresos mensuales recurrentes— cuando existen suscripciones.
También hay un taller para los repositorios que solo están en el ordenador. Allí se refleja el trabajo local: rama actual, archivos sin confirmar y commits que todavía no se han enviado.
La avenida cívica reúne información transversal. Una torre muestra cuándo se consultó por última vez cada fuente. El centro de control resume módulos, estrellas, incidencias, *pull requests*, MRR y ARR. Un campo solar convierte la frescura de los datos en energía visual. El taller señala repositorios adelantados, atrasados o con cambios pendientes. Y un hangar muestra qué agentes de IA están trabajando en ese momento.
La metáfora no sustituye por completo a los datos. HQ conserva un panel en forma de tabla y permite abrir la ficha detallada de cada elemento. La diferencia es que el estado general se percibe antes de tener que leerlo.
Cuando crece el MRR, Marte empieza a tener vida
La relación más visual de HQ aparece en el terreno.
El usuario escribe un objetivo mensual de ingresos en su archivo de configuración. HQ obtiene el MRR desde Stripe y calcula qué porcentaje de ese objetivo se ha alcanzado. Esa proporción alimenta la planta de terraformación y modifica el valle.
Con un 0 %, el terreno continúa siendo un Marte seco y rojizo. No es una pantalla incompleta: es la lectura que corresponde a ese dato.
A partir del 4 % aparece vegetación baja. Cerca del 12 %, el suelo comienza a transformarse. Al alcanzar el 25 %, cambia la atmósfera y el cielo pierde parte de su tono polvoriento. El agua empieza a llenar los cráteres desde el 45 %. Los árboles llegan a partir del 55 %. Al completar el objetivo, la colonia queda rodeada por un valle verde.
No significa que HQ mida toda la salud financiera de una empresa. La transformación depende de una relación muy concreta: el MRR de los productos conectados frente al objetivo mensual elegido manualmente. Si no se configura una meta, no se muestra el indicador.
Aun con esa limitación, la escena convierte una cifra normalmente encerrada en una gráfica en algo difícil de ignorar. El crecimiento deja de ser una línea ascendente y pasa a cambiar el lugar en el que trabajas.
Los agentes de IA también entran en la colonia
HQ incluye un servidor basado en MCP, el protocolo que permite conectar modelos de inteligencia artificial con datos y herramientas externas.
Puede imaginarse como un tablón de tareas que los agentes saben leer. HQ publica en él servicios caídos, certificados próximos a caducar, *issues* abiertas y *pull requests* pendientes. Un agente conectado puede consultar el estado de la colonia, revisar el contenido de una incidencia o examinar los cambios de una propuesta de código.
También puede realizar algunas acciones: comentar en GitHub, cerrar una incidencia o aprobar una *pull request* mediante *squash merge*. Además, puede proponer un trabajo, reclamar una tarea y registrar su resultado.
Los límites son importantes. Los agentes no pueden reiniciar servidores, renovar certificados, mover dinero ni modificar producción desde HQ. Una propuesta creada por un agente tampoco puede convertirse en trabajo ejecutable hasta que una persona la aprueba. La seguridad no depende únicamente de pedirle al modelo que se comporte: depende de las herramientas que el sistema ha decidido ofrecerle.
El repositorio documenta casos ya realizados mediante esta integración: cuatro actualizaciones de Dependabot fusionadas, dos incidencias relacionadas con Nova 4 revisadas y un problema detectado en el umbral utilizado para avisar sobre certificados.
Cuando un agente reclama una tarea, el hangar de la colonia registra quién está trabajando y en qué. Lo que todavía no ocurre es que el rover salga físicamente del hangar, conduzca hasta el edificio afectado y regrese cuando termine. Esa animación figura entre las partes pendientes.
Más que un dashboard bonito
La interfaz empresarial dominante apenas ha cambiado en su estructura fundamental: menú, página, tabla y gráfica.
HQ experimenta con otra posibilidad: una interfaz espacial. Los problemas no solo aparecen en una lista; ocupan un lugar. Los proyectos no son filas idénticas; forman sectores. El estado de los servicios se expresa mediante color, luz y movimiento. Los ingresos transforman el paisaje.
Eso no convierte automáticamente una escena 3D en una herramienta mejor. Una tabla sigue siendo más eficaz para comparar veinte cifras exactas. La propia aplicación conserva esa vista.
El interés de HQ está en combinar ambas capas. El mundo permite comprender la situación general de un vistazo. Las fichas y tablas aportan precisión cuando hace falta investigar.
No estás observando simplemente un dashboard. Estás recorriendo una representación de la infraestructura de una empresa mientras agentes de IA pueden consultar su estado y trabajar sobre algunas de sus tareas.
¿Y si las empresas del futuro se pudieran recorrer?
A partir de aquí hablamos de una posibilidad, no de funciones actuales de HQ.
El mismo lenguaje espacial podría utilizarse para representar otros ecosistemas. Una startup podría ser un edificio. Cada proyecto, una habitación. Una comunidad, un barrio. Un evento, un espacio que se llena de personas y actividad. Los agentes de IA podrían aparecer como trabajadores especializados que se desplazan entre tareas.
Una interfaz así también podría hacer visibles relaciones que hoy permanecen repartidas entre aplicaciones: qué proyectos dependen de un servicio, dónde se concentra el trabajo pendiente o qué parte de una organización está perdiendo actividad.
No todas las empresas necesitan convertirse en un mundo virtual. Pero HQ demuestra que los datos operativos no tienen por qué vivir siempre en una hoja de cálculo.
Un experimento abierto
HQ está publicado bajo licencia MIT. El repositorio incluye el mundo 3D, los recopiladores de datos, el servidor MCP, la documentación visual y más de 200 pruebas automatizadas. También detalla sus límites: no hay multijugador, descubrimiento automático de infraestructura ni acciones directas sobre servidores, pagos o producción.
El código y las instrucciones de instalación están disponibles en github.com/cloudstudio/hq.
Quizá el futuro de algunos dashboards no consista en añadir otra gráfica. Quizá consista en construir un lugar al que podamos entrar.
